Sucede
que el papel se declara en rebeldía
y vomita los puntos suspensivos.
Se resiste a entregar su blancura,
me escupe a la cara las palabras
y se convierte en mi Pepito Grillo. 
Parece
que este incesto de mustias entelequias
no sabe resistirse a la endogamia
de inventarse a sí mismo cada día.
Y se deja morir en la indolencia,
renace al otro lado de la abulia
de anémonas azules florecido.
El caso es
que caminé durante tanto tiempo
a lo largo y ancho del mismo sitio
que me ha crecido un pájaro de fuego
entre las uñas rotas de los pies.
Y perdí
la sombra en un recodo del camino
(un hombre no es nada sin su sombra...),
se gastó mi apellido de no usarlo
y aunque busco con éxito sepulta
el barro del olvido lo que encuentro.
Tal vez por eso
no se fía de mí el empedrado
del falso carasol del mentidero.
El sentido común que han eclipsado
las luces de Bohemia de mi ocaso
ahora me reprocha lo que escribo
y como tengo memoria de pez
sólo recuerdo lo que no ha ocurrido.
martes 29 de marzo de 2011
Memoria de pez
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