Despierta!
¡Abre los ojos!
Que la inspiración,
cuando llegue, te coja dispuesto y trabajando.
Garabatos amorfos sobre el blanco papel
van dando forma a pensamientos furtivos,
ideas inconexas, un caos de palabras.
Estamos en agosto.
Calor.
La calma chicha
ha varado la nave de mi imaginación.
Mi musa se marchó lejos, de vacaciones,
a un resort en la playa de Bahía Cochinos.
Tostada por el sol, no se acuerda que existo.
Sólo tiene ojos para los mulatos bailones
que pasean sus torsos desnudos
por el malecón de la Habana.
Henchida de mojitos, su piel huele a bachata
y a salsa, a sudor y a madrugada con sal.
Volverá a mí en el otoño, melancólica
y complaciente como una gatita helada.
Seguro que volverá; siempre vuelve.
Siempre regresa porque ella ama
las calles alfombradas de hojas muertas,
la gris monotonía de la lluvia,
los paraguas de colores, los charcos,
los parques solitarios y los atardeceres
grises como fotos en blanco y negro.
Pero ahora, mi mano tartamuda se atasca
vaga e inútil para escanciar mis razones,
resbaladizas como peces hechos de bálago;
ideas hueras brincando dentro de mi cabeza.
Mándame una postal de arena blanca y palmeras,
una misiva de amor, un mensaje cifrado.
Musa provocadora de mis noches en vela
que sepa mi corazón que no me has olvidado.
lunes 6 de abril de 2009
Verano en la ciudad
Etiquetas:
Inspiración
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