martes, 19 de octubre de 2010

Hermana Luna

Me das tu acogedor
calor de medianoche
cuando llego a ti con alas rotas,
me permites dormir en tu remanso,
me lames las heridas
con tu lengua de estaño.
Hermana luna, te amo.
Resulta tan difícil atrapar
tu reflejo de plata en los cristales,
dejarse embelesar por el insomnio
con el silencio nocturno en los labios
mientras arranca el otoño travieso
las hojas de los árboles detrás de las ventanas.
Pero ahora que está naciendo el día
y otra vez me devuelven
mi imagen los espejos,
ahora que aún no saben
lo nuestro esos pájaros chismosos
y el sol me ha condenado
a vagar entre fantasmas de luz,
ahora que está ardiendo el horizonte
déjame que te diga una vez más:
Hermana luna, te amo.

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