Te regalo esta flor
empapada en nostalgia
y aún es más bella hoy,
entregada a la muerte,
de lo que fuera ayer
que lucía arrogante.
Déjala que se derrame en tu pelo
como un charco de luz sobre un espejo.
Deja que te acaricie
su terciopelo ajado.
Déjala marchitar sobre tu pecho.
Su aroma encierra algo
de lo que soy al verte
y algo de lo que eres
está latente en ella:
su exuberante y pálida belleza.
Como un río que huyendo de la lluvia
se refugia en el mar.
Como un sol condenado
a vivir entre sombras.
En sus pétalos rojos
de lágrima prohibida
hay un pacto de vida con la muerte,
un renacer de prímula en otoño.
martes, 17 de febrero de 2009
La flor
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Amores posibles
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