La mujer rubia me mira sin verme. 
Un bar del centro. Una tarde de otoño.
Me pregunto adónde va, quién la espera.
Sus ojos melancólicos se asoman
a la calle y se empapan con la plata
helada de la lluvia.
Me pregunto
porqué está sola, porqué no me ve.
Apura su café y cruza las piernas.
Como un rumor encendido me llega
el roce de sus medias de cristal.
En el borde de la taza ha dejado
impresa una huella de carmín,
filamentos púrpura.
Ya se marcha..
La veo caminar hacia la puerta.
Se gira y me sonríe.
domingo, 22 de febrero de 2009
En un bar
Etiquetas:
Cotidianidad
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