Conocer por el simple 
placer de conocer.
Crear obras por completo inservibles,
hilvanar pensamientos incoherentes,
inventar realizades improbables,
escribir libros mudos,
elevarnos por encima del arte
para soñar que somos
un pensamiento puro.
He ahí la trampa definitiva
que la moral nos tiene reservada;
la sutil sensación de bienestar
que rinden al espíritu
los asuntos que son inexplicables.
lunes, 16 de febrero de 2009
Cosas del espíritu
Etiquetas:
Existencial
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