domingo, 25 de enero de 2009

Siempre mía

Ahora que el amor no tiene prisas
y no es secreto el sexo entre nosotros,
descubro en ti olimpos de infinita dulzura,
horizontes de risas misteriosas,
fronteras que conquisto sin batallas.
Tu plenitud, resuelta en armonía,
cruje besos de seda almidonada,
raudal de fantasía, luz de impulso estival
donde se aposta en diagonal derroche
mi suspiro azul de hombre enamorado.
¡Qué arrebato de locura en los labios!
¡Qué inexorable hado de pasiones!
En el jardín del tiempo, risas sin albedrío
vertidas por las nubes de tus pechos;
fibra de la edad de lo siempre eterno.
A tu lado, lentas horas tranquilas
amanecen inocentes de vida,
flotando en la penumbra de compacta fragancia
de tu cuerpo, que me es tan habitual,
de tu piel, que me es tan acogedora.
Óptima, pensativa y silenciosa
descansas junto a mi cercana y bella,
viable a mi deseo, vulnerable a mi ímpetu,
bañada por las sales de mi esfuerzo,
adorable y eterna, siempre mía.

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