
Llegaron por mar en una patera
empujados por el miedo y el hambre.
Marfil y ébano henchidos
de días malgastados.
Navegan silenciosos
cargados con sus tumbas,
sin remordimientos ni afán de olvido,
sólo tenues recuerdos
que arderán desecados
bajo el plástico de un invernadero.
Recuerdos de una aldea
de arena abrasadora.
Recuerdos de un país
que les negó el mañana.
No tienen nada que perder porque ellos
ya lo perdieron todo.
Todo menos los sueños.
El viento arrastra al sur sus gritos de agonía.
Nos libra del horror que supondría escucharlos.

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