jueves, 18 de diciembre de 2008

Abstracto infantil

Ese pollo pimpollo,
rollo barato,
que parece una pata,
caca de vaca,
tiene orejas y rabo
blancos de rata
y está hecho de pelo
ralo de gato.
Hay quien dice que es una
reina sirena
en los ojos de un rojo
cojo lagarto,
que se lima sus uñas
blancas de cera
con las garras de un oso
ruso de trapo.
Tiene el morro chapado
en negro hierro,
con la fuerza de un loro
pico moruno,
que despliega sus alas
llenas de canas
sobre un charco de cabras
con piel de rana.
Cuando abre su boca
loca de perro,
en el forro de un zorro
glaciar de río,
en lugar de escucharse
feroz ladrido,
en el aire resuena
asnal rebuzno.

lunes, 15 de diciembre de 2008

Autorretrato

De mi niñez recuerdo una calle empedrada
y una fuente con avispas en la esquina de un colegio,
los cromos, las canicas, el escondite, las chapas…
Unos domingos paella y otros arroz con conejo.
Crecí robando rosas y secuestrando nidos,
trepando las verdes ramas de laureles y moreras.
Donde guardo la llave del cofre del olvido
allí guardé los capullos de mis gusanos de seda.
Recuerdo los veranos en casa de mi abuela,
los puentes del Rivilla, los meandros del Guadiana,
el sabor del gazpacho, las horas de la siesta,
los piratas de Salgari sobre los pies de mi cama.
Aún escucho el tranvía de General Ricardos
y me refresco en las fuentes del parque de San Isidro.
Frente al Cementerio Inglés vivían los gitanos.
De un pozo de esa vaguada rescataron muerto a un niño.
Solía hacer novillos por la calle La Verdad
y me alisté de soldado en la banda de El Diarrea.
Proyectaba el cine España episodios de Tarzán.
Rodillas en carne viva, bolsillos llenos de piedras.
Retazos de unos años que veloces escapan.
La inocencia y la frescura de un mundo recién pintado.
El calor de mis padres, el olor de mi casa
y un mundo de fantasías al que nunca he renunciado.

viernes, 12 de diciembre de 2008

El indigente

Cabalga las penumbras del olvido
territorios donde penan nostalgias.
Envuelve sus miserias con la magia
del polvo seco que borró el camino.

Los rayos de la luna lo traspasan
dejando un negativo con su sombra.
Dormita bajo andamios de una obra
porque el infierno le quemó la casa.

No tiene ni perrito que le ladre.
Aquellos que le odiaron están muertos,
para aquellos que lo amaron ya es tarde.

Mañana lo hallarán los barrenderos
frío cadáver sobre un banco del parque
esperando el momento de su entierro.

miércoles, 10 de diciembre de 2008

El pirata Garfio Azul

Cuando se apaga la luz
y llega la oscuridad,
saca su barco a la mar
el corsario Garfio Azul.
Bergantín de diez cañones,
tres palos y en la bandera
dos sables y calavera
sobre un fondo sin colores.

El buscado corazón
de este audaz filibustero
está conservado en ron
de una taberna del puerto.
Cuentan que un día lo vieron
abordando un fragata
frente a las costas del cielo
de un océano pirata.
Con tricornio, parche y loro
surca los Mares del Sur;
cada estrella es una luz
y un faro para sus ojos.
El viento es su aliado,
las olas su compañía;
el atolón Fantasía
esta noche ha conquistado.
El pirata de mis sueños
tiene el mapa de un tesoro
tatuado a fuego en el pecho
con el sable de un rey moro.
Navega con gran destreza
empujado por los vientos.
No conoce la tristeza
ni la derrota ni el miedo.

lunes, 8 de diciembre de 2008

Un hombre de fe

Tras décadas sufriendo de la espalda
un hombre de fe pidió ayuda a Dios.
Aquel le dijo: "Empuja esa gran piedra
que se encuentra en medio del camino".

El enfermo empujó la piedra cada día
soportando impasible el dolor más atroz.
La piedra era demasiado pesada.
Al cabo de un año el hombre sintiose
curado de su espalda pero triste.

"He fracasado -le confesó a Dios-.
No he conseguido mover esa piedra".
Dios lo miró indulgente y respondió:
"No te pedí que la movieras,
sólo que la empujaras".




sábado, 6 de diciembre de 2008

La última oportunidad

Era un jardín de rosas rojas una mañana de primavera.
La vi bailando junto a un estanque con una adelfa como pareja.
Jugaba el viento con los nenúfares, brillaba el Sol en su cabeza.
Tenía un ángel en la mirada, trenzas de oro, labios de fresa.
- ¿Cómo he llegado -le pregunté- a este vergel de mariposas?
- Ven a mi lado -me contestó- tengo que hablarte de tantas cosas.
Tomó mi mano y me brindó una sonrisa maravillosa.
Nos adentramos por un sendero del que brotaban flores hermosas.
Después de un rato de andar despacio oí el rumor fresco de un río.
Al pie de un olmo de enormes hojas sentí su cuerpo temblar de frío.
- Dime princesa ¿qué es todo esto, por qué estás pálida, qué te ha ocurrido?
- Yo soy la ninfa -me confesó- que rige el mundo en su destino.
Esto es un juicio y tú has venido representando la especie humana.
- ¿Un juicio? Dices ¿quién nos acusa y qué delito se nos achaca?
No veo jurado. ¿Qué autoridad registra el peso de las romanas?
- No hagas preguntas -me dio por réplica. Calla y escucha, no digas nada.
Llegamos hasta una pradera donde pastaban vacas y ovejas.
- ¿Cómo te llamas? -quise saber.
- Tengo mil nombres- fue su respuesta.
Cesó el paseo y nos sentamos sobre un sitial de ocre madera.
Miré su cara algo asustado, vi su expresión fruncida y seria.
- En el pasado -me recordó- se os desterró del paraíso.
Se os condenó a ser mortales por vuestra falta de compromiso.
Habéis sabido lo que es el hambre, la enfermedad y hasta el olvido.
Pero de nada os ha servido el paradigma de aquel aviso.
Como afligida me preguntaba ¿qué os empuja a ser violentos?
Ella sufría con cada frase, dulce su voz, tierno su gesto.
Sentí vergüenza de ser persona y, sin querer, lloré por dentro.
Yo no ignoraba que todo aquello que se imputaba era bien cierto.
- De nada sirve pedir perdón; asumiremos nuestro castigo.
- Tal vez sea tarde -dijo con pena- los dioses votan por extinguiros.
Quedé pasmado y por mi frente se deslizaba un sudor frío.
- Mas, sin embargo, he de decirte que aún no está todo perdido.
Yo creo en lo bueno que hay en lo humano, en vuestro espíritu de sacrificio.
Sería injusto culpar a todos por unos cuantos desaprensivos.
He suplicado ante el supremo. Por vuestra causa, he intercedido.
Se os concede un nuevo plazo aprovechadlo y arrepentiros.
Ahora vuelve y dile a todos lo que aquí has escuchado.
Si algo no cambia en el futuro, vuestro destino está marcado.
Los dioses pueden ser muy crueles cuando se sienten decepcionados.
Corre a decirles que reflexionen, que el holocausto está cercano.
En un cerrar y abrir de ojos me vi de nuevo sobre mi cama.
No, no fue un sueño. Fue una nocturna revelación que hirió mi alma.
Ahora tengo que convenceros de que los dioses nos amenazan.
Hay que empezar a comportarse como ha de hacerlo la especie humana.




jueves, 4 de diciembre de 2008

La luz de Prometeo

Prometeo encadenado en el Cáucaso
con un buitre devorándole el pecho
(o un águila comiendo de su hígado)
no cede ante el chantaje de los dioses,
su integridad resiste el castigo más cruel.
El titán robó el fuego sagrado de los ídolos
y lo entregó a los hombres.
Aquella luz divina
era el conocimiento
que nos haría libres.
Como prototipo del héroe mártir,
su cuerpo se renueva cada noche
para ser devorado cada día.
Así nació en Esquilo
aquel primer cristóforo.
¡Libre viene de libro!
-no es cierto, pero me gusta pensarlo-.
Libertad y cultura son conceptos afines.
Como adherida lapa de subyacente mística,
ya en el origen del pensador presocrático,
la salvación la obtienen,
más que los hombres buenos,
los hombres sabios, los universales.

miércoles, 3 de diciembre de 2008

Reproches

No quise hablarte de mí para que no me juzgaras.
Ni te dije la verdad ni tampoco te mentí.
Permití que me inventaras. No fui franco ni embustero.

Fui lo que tus ojos vieron hasta que las paparruchas
de unas gargantas terceras mi perfil contaminaron.
¡Qué frágil es la opinión que de los demás tenemos!

Hoy vienes a reprocharme no sé que historias lejanas
que te han contado algunos que aseguran que son ciertas.
Por qué ha de importante aquello que sólo es agua pasada
y no tiene otro valor que el que tú le quieras dar.

No quiero que interpretes que me estoy justificando
ni que me creas capaz de jugar con tus anhelos.
Me aterroriza pensar que pueda un día perderte
cuando he empeñado tantas noches de amor en ganarte.

No pretendas conocerme completamente. No rasques
en los muros del pasado que son pilares endebles
-cada cual que orne los suyos y que arroje la primera
piedra aquel que se sepa libre de todo pesar-.
Acéptame como soy, como ayer me conociste
y como siempre has creído que era. Yo no he cambiado.
Eres tú, corazón mío, quien me ve con otros ojos.

martes, 2 de diciembre de 2008

Ayúdame a buscar


Ayúdame a buscar la esperanza
para dársela a quien nunca la tuvo.

Ayúdame a encontrar el amor
para dárselo a quien nunca amó.

Ayúdame a descubrir la fortuna
para dársela al que nació sin suerte.

Busquemos juntos un rayo de luz
para iluminar las noches de angustia.

Conoce un sitio, el Tejedor de Sueños,
donde los amantes cuentan estrellas,
cometas helados, planetas muertos.
Astros que brillan con luz de sus almas
y piedras que brillan con luz ajena.
Es el país del continuo intercambio
donde el hombre mejora cuando da,
generoso, de lo que menos tiene.

Mariposas hay que no vuelan y
no por ello son menos mariposa.
También existen insectos nocturnos
frágiles, en su autoestima, a la luz
que poderosa irradia de los fuertes.
Manos que nunca desojaron flor,
labios que no besaron otros labios.

Tú y yo somos de los del otro lado
(aquellos que nacimos bendecidos
por las corneas amables de la luna).
Seguro que me entiendes lo que digo.
Por eso es a ti a quien pido ayuda.
Por eso es contigo con quien quiero
labrar en la tierra este camino.

Ayúdame a encontrar la libertad
para dársela al que nació esclavo.

Ayúdame a buscar la valentía
para dársela al que nació cobarde.

Ayúdame a cultivar la bondad
para cambiar al que nació perverso.

Vayamos al encuentro de la vida
que aún quedan muchas cosas por hacer.

lunes, 1 de diciembre de 2008

La flecha del tiempo


Que la flecha del tiempo pierda el norte.
La entropía ignora el devenir,
torna exorable la causalidad.

Vuela libre la taza de café
que el despecho de mi amada arrojó
con destino certero en mi cabeza.
No subyace en movimiento el objeto.
No existe instante de congelación:
siempre avanza el proyectil. Siempre avanza.

El impacto me hace entender que la
terracota es más dura que mi cráneo.
No es una presunción, sino certeza física
fruto de la experiencia. No importa, lo merezco.

Llora. Se lleva las manos al rostro.
Ahora no puedo deshacer lo que hice,
el fluir del tiempo no es reversible.
De hecho, presiento que el tiempo no existe.
Yo no estoy vivo en el pasado.
Ese era otro: Ódiale a él.

Cuando la miro sé que lo que veo
no es su imagen actual,
sino la que tuvo hace un instante.
Es como la luz de aquellas estrellas
que llega, desde el profundo universo,
épocas después de ser emitida.
Tal vez esas estrellas ya estén muertas,
tal vez ella ha cambiado.

¿Quién puede estar seguro de la endeleble
continuidad del tiempo?
Vivimos en el pasado inmediato
aspirando a un futuro inmediato
que nunca llegaremos a tocar.
Sólo en el presente somos auténticos,
libres, ligeros de atrofias humanas.

Decido irme a la cama.
Tal vez el hombre que seré mañana
compense los errores cometidos
por el hombre que fui ayer.