jueves, 4 de diciembre de 2008

La luz de Prometeo

Prometeo encadenado en el Cáucaso
con un buitre devorándole el pecho
(o un águila comiendo de su hígado)
no cede ante el chantaje de los dioses,
su integridad resiste el castigo más cruel.
El titán robó el fuego sagrado de los ídolos
y lo entregó a los hombres.
Aquella luz divina
era el conocimiento
que nos haría libres.
Como prototipo del héroe mártir,
su cuerpo se renueva cada noche
para ser devorado cada día.
Así nació en Esquilo
aquel primer cristóforo.
¡Libre viene de libro!
-no es cierto, pero me gusta pensarlo-.
Libertad y cultura son conceptos afines.
Como adherida lapa de subyacente mística,
ya en el origen del pensador presocrático,
la salvación la obtienen,
más que los hombres buenos,
los hombres sabios, los universales.

1 comentarios:

  1. Je, muy bonito eso de que libro debería venir de libre,o viceversa. El poema, bien, muy bien. Felicidades.

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