sábado, 6 de diciembre de 2008

La última oportunidad

Era un jardín de rosas rojas una mañana de primavera.
La vi bailando junto a un estanque con una adelfa como pareja.
Jugaba el viento con los nenúfares, brillaba el Sol en su cabeza.
Tenía un ángel en la mirada, trenzas de oro, labios de fresa.
- ¿Cómo he llegado -le pregunté- a este vergel de mariposas?
- Ven a mi lado -me contestó- tengo que hablarte de tantas cosas.
Tomó mi mano y me brindó una sonrisa maravillosa.
Nos adentramos por un sendero del que brotaban flores hermosas.
Después de un rato de andar despacio oí el rumor fresco de un río.
Al pie de un olmo de enormes hojas sentí su cuerpo temblar de frío.
- Dime princesa ¿qué es todo esto, por qué estás pálida, qué te ha ocurrido?
- Yo soy la ninfa -me confesó- que rige el mundo en su destino.
Esto es un juicio y tú has venido representando la especie humana.
- ¿Un juicio? Dices ¿quién nos acusa y qué delito se nos achaca?
No veo jurado. ¿Qué autoridad registra el peso de las romanas?
- No hagas preguntas -me dio por réplica. Calla y escucha, no digas nada.
Llegamos hasta una pradera donde pastaban vacas y ovejas.
- ¿Cómo te llamas? -quise saber.
- Tengo mil nombres- fue su respuesta.
Cesó el paseo y nos sentamos sobre un sitial de ocre madera.
Miré su cara algo asustado, vi su expresión fruncida y seria.
- En el pasado -me recordó- se os desterró del paraíso.
Se os condenó a ser mortales por vuestra falta de compromiso.
Habéis sabido lo que es el hambre, la enfermedad y hasta el olvido.
Pero de nada os ha servido el paradigma de aquel aviso.
Como afligida me preguntaba ¿qué os empuja a ser violentos?
Ella sufría con cada frase, dulce su voz, tierno su gesto.
Sentí vergüenza de ser persona y, sin querer, lloré por dentro.
Yo no ignoraba que todo aquello que se imputaba era bien cierto.
- De nada sirve pedir perdón; asumiremos nuestro castigo.
- Tal vez sea tarde -dijo con pena- los dioses votan por extinguiros.
Quedé pasmado y por mi frente se deslizaba un sudor frío.
- Mas, sin embargo, he de decirte que aún no está todo perdido.
Yo creo en lo bueno que hay en lo humano, en vuestro espíritu de sacrificio.
Sería injusto culpar a todos por unos cuantos desaprensivos.
He suplicado ante el supremo. Por vuestra causa, he intercedido.
Se os concede un nuevo plazo aprovechadlo y arrepentiros.
Ahora vuelve y dile a todos lo que aquí has escuchado.
Si algo no cambia en el futuro, vuestro destino está marcado.
Los dioses pueden ser muy crueles cuando se sienten decepcionados.
Corre a decirles que reflexionen, que el holocausto está cercano.
En un cerrar y abrir de ojos me vi de nuevo sobre mi cama.
No, no fue un sueño. Fue una nocturna revelación que hirió mi alma.
Ahora tengo que convenceros de que los dioses nos amenazan.
Hay que empezar a comportarse como ha de hacerlo la especie humana.




1 comentarios:

  1. Interesante poema. Espero que todos nos demos cuenta de la importancia que tiene el medio ambiente y que no llegue nunca el día en el que, nos asomemos a la ventana, y veamos desde ella el desierto del Sahara.

    ResponderSuprimir