sábado, 22 de noviembre de 2008

Un papel olvidado


Hoy encontré tu nombre escrito en un papel
que me llevé una tarde de una cafetería.
Entre borrones asoma un poema
de arcanos versos. Algo que, tal vez,
quise haberte dicho y nunca lo hice.
Palabras que la lluvia ahogó en mis labios.

Las naciones felices tienen poca historia.
Los amores felices no guardan biografías.

Sólo algunos borrones en papeles hirientes
que la infame memoria se niega a destruir.

El amor fue espléndido con nosotros;
inesperado, certero, fugaz,
demasiado perfecto.
Algo más te huviera dicho de haber
tenido más tiempo pero, ya sabes,
en el amor siempre hay uno, al menos,
que es sordo. Generalmente los dos.
Las palabras no cuentan.
Sólo la pasión puede
abrirse paso en el bullir ardiente
de la sangre alocada, enamorada.

Recuerdo aquella lluvia golpeando los cristales
y el humo del café besándonos la cara.
Recuerdo vivamente la desesperación
con que te deseaba aquella tarde.
La fiebre que provocaba en mi piel
el roce de tus ojos encharcados de azul,
cómo se desbocaba el corazón
ante la perspectiva de poseerte.

¿Palabras? Ninguna recuerdo, aunque
me consta que las hubo.
Seguro que dijiste algo que no escuché.
Seguro que algo dije que no oíste.
En una servilleta de papel
unas pocas palabras anoté,
un pensamiento para no olvidarlo.
Guardé aquel papel en el fondo oscuro
de un bolsillo de una chaqueta que,
después, fue al fondo oscuro de un armario.
La prenda envejeció a mis ojos
y no volví a usarla.
Allí ha estado todos estos años...
¡Había olvidado aquella tarde!
¿Cómo ha podido ocurrir si hoy
la recuerdo como el momento más
maravilloso de toda mi vida?

0 comentarios:

Publicar un comentario en la entrada