Ella es el declinar de la escarcha
cuando, almendrados, se atropellan los relojes.
Adarga suprema de dulzura y protección
en mis nublados juegos infantiles,
en mis carreras ebrias de incolume
desbarbada blancura.
Puchero de garbanzos, pan, tocino y oreja.
Ella es la vida toda que sale del fogón,
la pitarra, el confite, el agua fresca
que preña la barriga del botijo
sudoroso, el hilo de mis botones
y el jabón de mi cara.
Luminosas caricias de su piel de pez hoy,
expuesto a la intemperie del tiempo hecho distancia,
demando trémulo al palpitar repentino
porque me tiembla su nombre en los labios,
porque hoy sé que no la amé suficiente.
cuando, almendrados, se atropellan los relojes.
Adarga suprema de dulzura y protección
en mis nublados juegos infantiles,
en mis carreras ebrias de incolume
desbarbada blancura.
Puchero de garbanzos, pan, tocino y oreja.
Ella es la vida toda que sale del fogón,
la pitarra, el confite, el agua fresca
que preña la barriga del botijo
sudoroso, el hilo de mis botones
y el jabón de mi cara.
Luminosas caricias de su piel de pez hoy,
expuesto a la intemperie del tiempo hecho distancia,
demando trémulo al palpitar repentino
porque me tiembla su nombre en los labios,
porque hoy sé que no la amé suficiente.


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