viernes, 24 de octubre de 2008

No la amé suficiente


Ella es el declinar de la escarcha
cuando, almendrados, se atropellan los relojes.
Adarga suprema de dulzura y protección
en mis nublados juegos infantiles,
en mis carreras ebrias de incolume
desbarbada blancura.

Puchero de garbanzos, pan, tocino y oreja.
Ella es la vida toda que sale del fogón,
la pitarra, el confite, el agua fresca
que preña la barriga del botijo
sudoroso, el hilo de mis botones
y el jabón de mi cara.

Luminosas caricias de su piel de pez hoy,
expuesto a la intemperie del tiempo hecho distancia,
demando trémulo al palpitar repentino
porque me tiembla su nombre en los labios,
porque hoy sé que no la amé suficiente.

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