Frente al infinito, humanos desnudos,
al fin comprendemos qué poco somos,

qué poca tierra contiene este mundo
que orbita azul los caminos del cosmos.
Late el espacio, se expande y contrae
al margen de nuestras preocupaciones.
La noche muestra los astros que ayer
hicieron brillar las constelaciones.
Hoy, tal vez, derrotan en restos muertos
y apagados de materia arrogante.
Cristales de hielo que hace milenios
pudieron haber formado diamantes.
¿No escucháis ese murmullo que llega,
en ondas, del centro del corazón?
Es el latido primero, las huellas
de la prehistoria de nuestra creación.
La armonía de los cuerpos celestes,
de cada planta y cada animal,
la sincronización de lo viviente,
el compás de la esfera universal.

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