Porque la muerte siempre es solitaria.
Porque el abandono siempre es doliente.
Por la memoria de los que existieron
-por sus obras y su legado inmenso-.
Por los siempre olvidados.
Por los hoy recordados.
Por los que son y fueron.
Por nosotros, por ellos.
Porque pesan más los muertos que en esta
tierra han sido que todo el material
que suma el universo.
Porque un trillón de lenguas
se pudre en el silencio.
Porque un mar de lágrimas se evapora
cuando llega el olvido.

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